El pasado 28 de diciembre fui a una exposición temporal que se encuentra en Murcia, en el Centro Cultural Las Claras Cajamurcia, sobre los homenajes en la pintura de Ramón Gaya, y con motivo del centenario de su nacimiento.
Ramón Gaya es un pintor nacido en Murcia, en 1910. Durante su larga vida ha podido desarrollar tanto la pintura como la escritura, destacando más en la primera.A los 10 años abandonó la escuela para dedicarse enteramente a la pintura. En 1928 consiguió una beca para estudiar en Paris, y cumplir su sueño de conocer la pintura vanguardista. De este viaje volvió con una gran decepción por no haber encontrado en los artistas de la Vanguardia lo que buscaba. Creía que su arte era fruto de una moda pictórica, y él consideraba que el arte debía ser eterno. Lo que no encontró en Francia en la vanguardia, lo pudo ver en el Prado con Tiziano, Rembrandt, Velázquez, Rubens, entre otros, a los que estudiaría profundamente y serían su referencia en la pintura. Durante su vida visitó en numerosas ocasiones El Prado, y de estas visitas escribe mucho, ya que consideraba que el museo le ofrecía cosas nuevas cada vez, y nunca se cansa de admirarlo.
A su vuelta a España, Gaya se instaló definitivamente en Madrid en 1933, pero con el estallido de la guerra, se situó en el lado de la República, por lo que a su fin se tuvo que exhiliar a México, donde permaneció 14 años. Fue en esta etapa de su vida cuando, alejado de los artistas europeos y sus cuadros, pero rodeado de sus reproducciones, realizó la mayoría de sus cuadros homenajes a los pintores que más admiraba: Tiziano, Picasso, Velázquez, Van Gogh, Rembrandt, Hokusai...
Sus ideas sobre la pintura moderna y las vanguardias, unido a su carácter, dedicado a su trabajo silencioso, le convirtieron en "uno de los más hondos y solitarios artistas que ha dado España a lo largo del siglo". En 1956 se trasladó a Roma, donde siguió con su vida solitaria sin apenas relacionarse con nadie. Se instaló en Valencia en 1974. Hasta entonces estuvo realizando numerosas visitas a España, y fue en esta época cuando escribió sus dos libros más importantes: El sentimiento de la pintura (1960) y Velázquez, pájaro solitario (1969). A partir de 1984 vivió en Madrid, con constantes desplazamientos a París, Roma, Valencia y Murcia, ciudad donde se inauguró el museo que lleva su nombre en 1990.
Murió en 2005, con 95 años de edad, tras haber dedicado casi toda su vida a la pintura.
La exposición muestra una visión global de su pintura, haciendo especial hincapié en los cuadros dedicados a homenajes a otros grandes artistas que Ramón Gaya admiraba.
Todos estos cuadros tienen una composición similar en la que coloca el cuadro homenajeado en el último plano de su obra de diferentes formas: como una fotografía, un apartado de un libro, visto a través de una ventana...
En el primer plano suele colocar un bodegón, en el que siempre aparece ese vaso típico de Ramón Gaya, vacío o medio lleno; con flores o sin flores. Ese vaso que situa delante del cuadro homenajeado representa que es la visión que él nos da de la obra de arte. Ese vaso vacío que nos recuerda que para que la belleza pueda entrar en nosotros hemos de vaciarnos de todos los prejuicios instalados en la razón. Los vasos con agua y flores son símbolo de esa vida que no debemos dejar marchitar.
“Siempre tenía una u otra reproducción sobre una mesa – confesaba Gaya -. Entonces colocaba en torno unos objetos y creaba una atmósfera en torno a esa reproducción: era mi manera de comunicarme con la pintura de siempre; era una actitud polémica, polémica sin gritos”.
Otra característica de su pintura era la evolución hasta la abstracción, eliminando la materia para quedarse con la esencia del cuadro y del pintor homenajeado. Buscaba encontrar esa esencia para plasmarla en su pintura de manera que con pocos trazos puestos casi al azar, expresaba casi de forma completa lo que le transmitían las obras. Con unas pocas pinceladas nos hace descubrir lo que más le interesa a él del cuadro. Este es el motivo de que a veces se deje partes del cuadro en blanco, sin pintar. Cuando ha cumplido su objetivo, el cuadro está terminado. Esta es otra de las razones de su riqueza expresiva.
Admira a los maestros antiguos, pero por encima de todos a Velázquez, al que le rinde homenaje una y otra vez.
Algunos de los cuadros que pude contemplar:
Homenaje a Murcia. Cuadro que representa su visión de la Región de Murcia, donde aparecen hombres vestidos con el típico traje huertano jugando a los bolos. De este cuadro destaca su colorido. Utiliza su paleta de colores habitual, que suelen ser claros, tonos beige y no demasiado llamativos.El cuadro es uno de los pocos en los que no aparece el vaso de agua de Gaya.
El cuadro en el que se inspiró fue este de José María Sobejano, llamado Juego de bolos. Este pintor murciano ofrece una amplia colección de reproducciones de escenas típicas de la huerta.
Las putas. Homenaje a J. Solana. En este homenaje Gaya pretende mostrar el realismo con que pintaba Solana, expresando la realidad tal y como es, aunque sea fea o desagradable, sin intentar disimular nada. Por eso cambia el nombre del original Mujeres de la calle, por otro más fiel a la imagen.

Homenaje a Rubens. Las tres gracias. Aquí el autor hace un estudio sobre las mujeres que normalmente representaba Rubens en sus cuadros, que solían ser un poco entradas en carnes y con esa blandura de la piel. Este es uno de sus cuadros que ha dejado como sin completar, debido a que ya había alcanzado el objetivo de ver a las mujeres con los ojos de Rubens.

Homenaje a Salzillo. La verónica. En este cuadro aparece uno de los pasos de la semana santa murciana, del gran escultor Salzillo. Es de los pocos que no aparece el vaso, sin embargo, para no representar directamente la escultura que homenajea, nos la muestra a través de una ventana. La Verónica está en procesión, pero como sólo le interesa mostrar la escultura en sí, eleva el punto de vista para darnos una visión completa de la obra.

Homenaje a Degas. Representa su Pequeña bailarina, con las formas graciosas que utiliza Degas, y en un marco diferente.
Homenaje a Velázquez. Las Meninas. Velázquez es un pintor que Gaya admira mucho. Considera que su talento es tan grande que hay que estudiar sus cuadros por partes. Por eso hace varios homenajes a Las Meninas, escogiendo los personajes que le parecen más interesantes.
Además de estos cuadros de Ramón Gaya, en la exposición había otros de grandes artistas que habían sido fundamentales en su trayectoria:
Rembrandt. Lo que más estudió Gaya sobre este artista fue su capacidad para representar la multitud de gradaciones de la sombra, que consigue cruzando trazos. Se observa en este boceto de Hombre gritando, que seguramente será más pequeño de como lo estáis observando. Sin embargo, Rembrandt no deja de usar la sombra introduciendo multitud de gradaciones.
La Tentación de Santo Tomás de Aquino, de Velázquez. Muestra el instante después de producirse la tentación de santo Tomás, al que llevaron a su habitación una prostituta para hacerle caer en pecado. Para que se fuera, él la amenazó con un tronco ardiendo que en el cuadro se encuentra en el suelo. El ángel que le pone la banda blanca (símbolo de castidad) es un personaje importante en la composición que Gaya representa en uno de sus homenajes.
Santas Justa y Rufina, de Goya. En la exposición se encontraba un boceto de este cuadro tan admirado por Gaya, así como el autor del mismo.
Consuelo, de Nonell. En este cuadro, el autor expresa sus sentimientos con la representación de una figura humana.
Mujer desnuda sentada con la cabeza apoyada en la mano, de Picasso. A pesar de que Gaya no fuera muy seguidor de los pintores vanguardistas, con Picasso se identificaba especialmente, ya que los dos estuvieron durante su vida en busca de la belleza, de la esencia del arte, aunque de una manera muy diferente. Al final, Gaya considera que las dos maneras son válidas, siempre que sean fieles a la belleza.
Raquel Meller, de Sorolla. Retrato que refleja perfectamente el modo característico de pintar de Sorolla.
San Pedro, de Ribera. En este cuadro se muestra el realismo casi cruel característico de la época. Y sobre todo, ese acercamiento que intentaron hacer los pintores de las figuras de los santos a la sociedad, mostrándolos como personas normales, con sus arrugas y hasta la suciedad de las uñas.
Además, también he podido conocer algunos de sus escritos que me han llamado la atención:
“El arte no es una religión, sino una fe, y el artista grande no es nunca un sacerdote – como es siempre un sacerdote el artista pequeño, el artista artístico -, sino un creyente. Porque ser artista no es oficiar, sino creer… El gran arte no es nunca un problema, sino un destino; por eso se arrima tanto a la ignorancia abierta y huye del saber creado. El arte es Destino, y el día que esto se llegue a comprender dejaremos de oír todo ese estúpido rosario de obligaciones que los diferentes estetas le han echado siempre encima – que el arte debe ser bello, o moral, o expresivo, o imaginativo, o copiador, o abstracto -, y se caerá en la cuenta de que el arte, como destino que es, no lo podemos construir nosotros, ni siquiera hacerlo nosotros, sino escucharlo y cumplirlo.”
“Siempre tenía una u otra reproducción sobre una mesa – confesaba Gaya -. Entonces colocaba en torno unos objetos y creaba una atmósfera en torno a esa reproducción: era mi manera de comunicarme con la pintura de siempre; era una actitud polémica, polémica sin gritos”.
"Muchas veces he puesto frutos o flores detrás de esos vasos. No ya unas flores dentro de un vaso sino detrás de un vaso. Y resulta que esas flores quedan…transformadas. Es decir, que un cristal se abre sobre un abismo: el abismo de la transparencia. Allí, en ese misterio, creo que se puede entrar…”
Así, he podido conocer a un artista que me ha sorprendido gratamente y que me ha gustado tanto por su manera de pintar como por las razones por las que lo hacía, su escritura y su gusto por los artistas de otras épocas. Además, me ha permitido conocer más cosas sobre la Historia del Arte a través de las obras famosas que se encontraban en la exposición. La verdad es que ha sido una experiencia bonita y gratificante.
















Muy buena entrada.
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