Charles Bukowski (1920 - 1994)
Puede que algunos (los menos), consideren que Charles Bukowski no fué más que un escritorzuelo borracho de lenguaje obsceno y alma fornicadora, y puede que para otros (los más) sea uno de los grandes escritores norteamericanos de todos los tiempos; pero, lo que es evidente, es que no deja a nadie indiferente.
Si hay un escritor en cuyos libros la línea que divide la realidad de la ficción es muy borrosa, es precisamente él. Su alter ego, Henry Chinaski, es el protagonista de la mayoría de sus relatos, que entregan una visión desmitificadora del sueño americano, al que se resistió escribiendo, hasta el último momento, con una botella en la mano.
Quizás podamos sentir la desgarradora alegría y la exultante tristeza. Quizás podamos atisbar el auténtico elogio a la vida que se esconde detrás de la crudeza de sus escritos y sentir el gran incendio que puede provocar en nuestro interior y que se producía en el suyo (“cuando escribo vuelo, enciendo fuegos. Cuando escribo saco la muerte de mi bolsillo izquierdo, la lanzo contra la pared y la agarro cuando rebota”).
Tal vez, nosotros también hayamos nacido para robar rosas de las avenidas de la muerte.
Culminación del dolor
Oigo incluso como ríen
las montañas
arriba y abajo de sus azules laderas
y abajo en el agua
los peces lloran
y toda el agua
son sus lágrimas.
Oigo el agua
las noches que consumo bebiendo
y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj
se vuelve perillas en la cómoda,
se vuelve papel sobre el suelo,
se vuelve calzador,
ticket de la lavandería,
se vuelve humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas...
Poco importa
poco amor
o poca vida
no es tan malo.
Lo que cuenta
es observar las paredes
yo nací para eso.
Nací para robar rosas de las avenidas de la muerte

