
Bajo el agua. Museo de la Universidad de Alicante
Reflejos de lo antiguo. Edificio de Sanidad. Bilbao
Buque de hormigón. Museo Jorge Oteiza. Alzuza, Navarra.
La fotografía en arquitectura es una percepción idealizada. Si el artista busca reflejar una idea, una forma, en un cuadro, en la manera en la que mejor sabe expresarse, exaltando esa idea (por medio del resalte, o bien de la austeridad), la fotografía es para el arquitecto, la imagen del edificio en su máximo esplendor. En su uso, en sus reflejos, en sus juegos de luces, en su funcionamiento...
No nos gusta fotografiar los edificios cuando las personas realizan actividades mundanas, como almorzar un bocadillo, o cotillear con un cigarro en la entrada. Si embargo, e irónicamente, es para eso para lo que los edificios sirven. Al fin y al cabo, se cierne a estrategias propagandísticas. Sobre todo a ojos de los demás. Un edificio no se puede promocionar con una imagen virtual en la que aparece un anciano escupiendo, o una prostituta bajo una marquesina. Sin embargo, para algunos arquitectos, también hay un sentimiento, casi paternal, que nos lleva a idealizar el edificio. Como cuando ponemos guapos a nuestros hijos para echarles una fotografía que colocaremos en el salón. Se trata de un cariño especial, de un sentido protector.
Y esque, un proyecto, es como un hijo. Cuesta horrores traerlo al mundo.


Una vez oí a un fotógrafo de arquitectura contar que sus clientes le piden que inmortalice su obra antes de que el edificio se habite. Me quedé de piedra porque pensé, pienso, que una construcción existe cuando está habitada. Como escribí hace poco, de lo contrario acabará siendo una pieza de museo o una ruina. Será lo que tú dices, pero no me terminas de convencer. No lo calificaría de sentimiento protector.
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